Fin de fiesta

Todos bailan celebran con espasmos se disfrazan de todo lo que jamás confesarán haber sido huyendo de todos niegan su propia realidad narcotizados los pensamientos desnudos los cuerpos solo existe el ritual del suspensorio las correas de cuero apretaban tanto que ahorcaron la prosperidad de los cuerpos blandos rompieron los cristales hasta que absorbieron la raíz de las corrientes circulares de la tristeza todo lo que les hacía humanos sepultado bajo decibelios de EDM machacón cegado por los pálpitos de luces estroboscópicas ahogado en el océano de profilácticos usados nadie quería pero la resaca dejó entrever el neón con letras gigantescas que anunció la próxima parada: soledad

Empatía fibrosa

Destrozado intento subir escaleras y percibo la dureza de la empatía disuelta en la rojez de la incomunicación nadie escucha nadie percibe nadie quiere ya coherencia en las noches de asfixia y sudor el tumor disociado de la inercia cayendo en picado hacia la soledad perder no era más que tu rabia amplificada por la disforia del megáfono que se agrietaba por momentos al filo de la nocturnidad precisa intento flotar en los lagos de bilis entre las ramas de inconsciencia enredándose con tantos eslóganes incoherentes de la falsa honestidad destrozado subo el último escalón que me deja en la incertidumbre un nido vacío flotando en la consigna de lo eterno

Solsticio

Las treguas nunca perduraron en las causas de los siglos impares que cocían los pensamientos con su intensidad de fracciones Sus jaulas cambiaron de contenido en el orden mundial descontrolado y ya nadie sonríe en aquellas fotos familiares que dejaron de imprimirse en las hojas de papel Pasaron las etapas estacionales y la melodía se fue intensificando en forma de dolor sintético las praderas amarillentas los cielos marrones todo desmoronándose (o no) y yo, cada vez que escucho la palabra solsticio me sigo acordando de ti