en Cine

Desde Brokeback Mountain hasta Call Me By Your Name, diez películas que ofrecen una visión del mundo con los colores del arco iris

Hoy es 28 de junio, es decir, hoy es el día del orgullo LGTB. Una jornada para reivindicar, para celebrar y para alzar nuestras voces en alto para que nadie olvide que seguimos existiendo y que hoy, más que nunca, tenemos que gritar muy fuerte lo orgullosos que estamos de ser tal y como somos.

Podría celebrarlo de muchísimas maneras pero para esta ocasión he querido recordar una decena de películas que han sido por uno u otro motivo muy importantes para mí. No es un ranking ni una lista de las mejores ni nada de eso, por eso echaréis en falta muchísimas películas. Simplemente se trata de diez (más un bonus track) películas que me marcaron personalmente de una u otra manera, presentadas en el estricto orden en el que pude verlas en su momento.

Brokeback Mountain

Brokeback Mountain

Echando la vista atrás, la primera película con personajes abiertamente gais que vi cuando ya era consciente de mi propia orientación sexual fue Brokeback Mountain (Ang Lee, 2005). Sin necesidad de caer en el habitual histrionismo de las producciones noventeras, por primera vez una película comercial con una enorme campaña publicitaria estaba protagonizada por una pareja de hombres que se querían de una forma natural y a mí, que hasta entonces mi imagen de los gais en la televisión y el cine seguía teniendo un carácter sesgado, me dejó en estado de shock.

Alejada de la que sigue siendo la “película con homosexuales” más taquillera de la historia, Una jaula de grillos (Mike Nichols, 1996), es decir, sin drags ni purpurina, sino con dos vaqueros en las montañas rodeados de ganado, dirigida por un taiwanés y con la banda sonora de un argentino -y una canción de mi adorado Rufus Wainwright-. Y claro, a mí todo aquello, que coincidía con mi descubrimiento personal y el primer desencanto amoroso, me dejó tan tocado como a muchísimos espectadores de todo el mundo. Desgraciadamente, apenas un par de años después de su estreno en España, Heath Ledger fallecía de forma trágica dejándonos por suerte un Ennis del Mar que sigue en la memoria del cine.

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Hedwig and the Angry Inch

Hedwig and the Angry Inch

En 2001, el mismo año en el que Moulin Rouge! revivía el género musical de sus coloridas cenizas, otra película musical mucho más underground doblaba la apuesta. Recuerdo la primera vez que la vi. Visitaba Santiago de Compostela con el que años más tarde sería mi marido y, de pronto, se sorprendió por mis gritos cuando descubrí que en la programación de un festival de cine LGTB de la ciudad iban a proyectar ese mismo día el musical Hedwig and the Angry Inch (2001), una película que por aquel entonces -e incluso hoy en día- era prácticamente imposible de encontrar de ninguna manera. Obviamente, compramos nuestras entradas, la vimos y desde el primer minuto se convirtió en una película muy especial para los dos. Porque al fin y al cabo esta obra, que se basaba en el musical off-broadway del mismo título no era sino una historia que realzaba la búsqueda de la identidad y del amor.

Dirigida y protagonizada por un fascinante John Cameron Mitchell (cuyo siguiente intento de dirección resultaría en la fallida y excesiva Shortbus), la película estaba totalmente adelantada a su tiempo (recordad la situación de las personas LGTB, incluso en un país pionero como España, hace 17 años) y todavía hoy me parece increíble que existiera algo semejante. Por supuesto, la película nos impactó tanto que salimos del cine convencidos de hacernos el tatuaje de los protagonistas (aunque no lo hayamos hecho hasta el momento) y tarareando las memorables canciones. Hedwig es un personaje inolvidable, un musical convertido en una joya que ojalá algún día consiga la relevancia que, por todo lo que supuso y sigue siendo, merece.

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Los chicos están bien

Lo reconozco, ni he encontrado las tres horas de mi vida que me permitan ver La vida de Adéle (Abdellatif Kechiche, 2013) ni me fascinó Carol (Todd Haynes, 2015), durante la que más bien me pasé buena parte de la película dormido. Mas allá de que parezca que tengo una especie de maldición para las historias lésbicas, hay una película que sí me dejó una huella importante.

Me encontraba en medio de una crisis personal y, de la forma más inesperada, huí a una sala de cine una tarde de invierno para encontrar la solución que necesitaba. La película Los chicos están bien (Lisa Cholodenko, 2010) presentaba a una familia homoparental en la que las maravillosas Julianne Moore y Annette Bening realmente parecían llevar toda una vida juntas. Ambas se encuentran con una crisis cuando sus hijos deciden que quieren descubrir quién es su padre biológico, lo que desencadena la hecatombe.

Unas actuaciones deliciosas (a las que se sumaba Mark Ruffalo como el padre) que dotaban a la película de un realismo absorbente y un guión de gran inteligencia en el que se profundizaba en las relaciones personales, la paternidad y la crisis existencial, se aderezaban con un buen puñado de escenas de las de tener los pañuelos a mano. En definitiva, una historia positiva, divertida y emocionante sobre las relaciones de larga duración y otros modelos de familia.

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Weekend

Weekend

Admitámoslo, el mundo gay tal y como lo conocemos hoy en día, puede llegar a ser una mierda. Es difícil conectar con una persona, las aplicaciones para ligar han convertido todo en un frío intercambio de carne y la superficialidad parece reinar en un mundo que al final no hace más que realzar la tristeza más absoluta.

Algo de tristeza, de melancolía e incluso impotencia, se desprenden al ver Weekend (2011), la película de Andrew Haigh en la que se narra cómo dos jóvenes se conocen y mantienen una realista e intensa relación que apenas dura un fin de semana. Algo tan desesperanzador pero habitual en las relaciones entre hombres. Es precisamente en lo quirúrgico de esta radiografía humana hasta la extenuación donde está el triunfo de un filme que consigue reflejar de una forma totalmente creíble y cercana a la realidad la complejidad más que habitual en las relaciones homosexuales. Esto incluye momentos de conexión profunda y sexo y drogas, pero también la dificultad de aceptar la propia orientación así como la homofobia dentro del propio colectivo homosexual. Un retrato tan bonito como desolador, tan certero como realista.

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El desconocido del lago

Una zona de cruising al borde de un lago donde un grupo de hombres se encuentra de forma cotidiana es el escenario de una película orquestada como un reloj en la que hay de todo: escenas sexuales de lo más atrevido y prácticamente pornográfico, erotismo un poco más sugerente, escenas agobiantes de excelente suspense, crímenes, psicópatas atractivos, romances imposibles y un humor salvaje.

Todos estos ingredientes tan aparentemente distantes y mezclados en una coctelera francesa hacen de El desconocido del lago (2013), de Alain Guiraudie, una obra insólita, muy personal y original, que parte del género noir para adentrarse, una vez más, en lo complejo de las relaciones entre hombres y, por qué no recordarlo, que nunca debes confiar del todo en los extraños.

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Pride

Pride

Ambientada en mi año de nacimiento, 1984, en un Reino Unido azotado por diversos conflictos sociales que desembocan en los preparativos para una huelga organizada por el sindicato de mineros, estamos ante una comedia británica de las que transmiten un envidiable buen rollo. La historia se centra en un grupo de activistas LGTB que decide recaudar fondos para apoyar a los mineros en su causa. Tras el rechazo del sindicato, los activistas viajan a un pueblo galés donde finalmente ambos mundos se unen con un objetivo común.

Alejada del habitual tono dramático y oscuro de las películas de temática homosexual, Pride (Matthew Warchus, 2014) no tiene mayor objetivo que el de hacernos disfrutar, sonreír y sentirnos bien gracias a una historia bien hilvanada, personajes inolvidables y entrañables con una banda sonora llena de hits de la época y de lo más británica. Una película basada en una historia real que nos devuelve la esperanza en las personas y que quizás no todo está perdido. De momento…

Puedes verla en Filmin

A primera vista

Traducida libremente del portugués Hoje Eu Quero Voltar Sozinho (Hoy quiero volver solo), esta película brasileña de 2014, dirigida por Daniel Ribeiro, enfoca el clásico coming-of-age de un adolescente ciego apasionado de la música clásica que empieza a enamorarse de un compañero de clase junto al que descubrirá el amor, la sexualidad, lo bonito de compartir la vida y la música de Belle And Sebastian.

Si ya de por sí da miedo crecer y encontrar tu lugar en el mundo, la falta de visión y unos padres sobreprotectores no son precisamente la mejor de las ayudas. Narrada de forma tierna y sugerente, la relación entre los protagonistas es una de las más entrañables del cine reciente y su romance y posterior desenlace de los más verdaderos que se han visto en una pantalla de cine.

Puedes verla en Filmin

Moonlight

Lo reconozco, fui con las expectativas tan altas a ver Moonlight (2017), la película de Jerry Benkins que llevaba meses esperando con ansias desde que vi su primer trailer, que al final me dejó cierto sabor agridulce a medida que avanzaba el metraje. Sin embargo, es imposible no incluirla en esta lista teniendo en cuenta todos los hitos históricos que supuso su estreno y posterior triunfo en los Oscar y lo simbólica que es para la comunidad LGTB.

Y es que estamos ante la primera vez que una película de temática homosexual obtenía el galardón más preciado del cine norteamericano. Además, una película con un reparto formado exclusivamente por actores y actrices negros, siempre tan infravalorados en este tipo de premios, y encima en los primeros Oscar de la era Trump. Todo esto gracias a una historia original en la que tres actores representan al protagonista en tres momentos de su vida (maravilloso el tramo infantil y con resultados desiguales en las dos etapas siguientes) y que, a pesar de estar repleta de oscuridad, al menos dejaba un buen sabor de boca.

Puedes verla en Prime Video

Una mujer fantástica

Una mujer fantástica

Si hablamos de hitos en los Oscar, sin duda alguna fue en la última edición, la de este mismo año, cuando hubo un momento para la celebración. La maravillosa película chilena Una mujer fantástica (2017) de Sebastián Leilo obtenía el Oscar a mejor película de habla no inglesa con una historia sobre una mujer transgénero que se enfrenta a la familia de su pareja tras su inesperada muerte. Una metáfora -y a veces no tanto- de las complicaciones por las que pasan las personas transgénero para enfrentarse a una rutina donde cualquier pequeña gestión puede convertirse en un calvario. Interpretada por una brillante Daniela Vega que supera el martirio al que se ve sometida por un entorno hostil en su desesperada lucha por obtener el reconocimiento, el respeto, la tolerancia y la empatía que tanta falta siguen haciendo. Todo narrado con pequeñas dosis de realismo mágico y un final ensoñador y reconciliador que da lugar a la esperanza.

Puedes verla en Movistar

Call Me By Your Name

Si hay algo que tienen en común la mayoría de películas de temática LGTB es esa querencia por incluir momentos de lo más dramáticos para los personajes. Muertes, enfermedad, soledad y tristeza suelen ser el lenguaje común del amor homosexual cinematográfico. Y entonces llegó Call Me By Your Name (2017), la maravillosa película de Luca Guadagnino inspirada en una novela de André Aciman, y todo cambió.

Porque en ese verano italiano tan refrescante y tentador como sugerente no hay un solo ápice de oscuridad. La relación entre Elio (interpretado por un icónico e inolvidable Timothy Chalamet) y Oliver (Armie Hammer) es toda una celebración de la verdad, la sensibilidad y el amor sin mayor etiqueta ni drama que el habitual en una relación veraniega. Y por supuesto, la proliferación de bermudas cortas, cortísimas, que parecen haber inspirado a las colecciones veraniegas de las tiendas más comunes.

Obviamente no todo son mariposas y arcoíris y al final, como todo primer amor, la relación entre los dos protagonistas se convierte en ese recuerdo cálido de la nostalgia. Pero, ay, como yo también he sido un joven que se enamoraba por primera vez, descubriendo mi sexualidad, de una u otra manera no pude más que sentirme identificado con esta obra de arte. Con sus personajes, con su fotografía cálida, con una banda sonora exquisita en la que además caben tres joyas de Sufjan Stevens

Sumamos a todo esto que además, lejos de la obviedad, está llena de escenas de lo más sensuales (nadie que la haya visto volverá a tener, por ejemplo, la misma idea de los melocotones) pero desde la sutileza más excitante. Una obra de arte que no me canso de ver una y otra vez, en la que me encantaría quedarme a vivir y que con el paso de los meses se está convirtiendo en mi nueva película favorita.

Bonus track: Out

Out

Apenas hace dos días que, en el marco del Atlántida Film Fest que organiza Filmin, pude ver el documental Out (2018) de Denis Parrot, y no he podido evitar añadir esta maravilla a la lista en el último minuto. La premisa es muy sencilla: historias de jóvenes -algunos realmente muy jóvenes- trans, lesbianas, bisexuales y gais que utilizan YouTube para salir del armario, normalmente contándoselo a uno de sus padres.

Debajo de lo aparentemente simple de la idea, el resultado es un emocionante relato en el que vemos todas las posibilidades imaginables como reacción a una noticia: las clásicas reacciones bruscas por “su elección” -algunas de ellas incluso violentas-, la desorientación y el dolor que lleva a tantos jóvenes a plantearse el suicido; la tristeza y el autodesprecio de tantos adolescentes por no sentirse como el resto, pero también la esperanza de ver reacciones de lo más entrañables. Descubrimos a madres que ni se inmutan porque “ya lo sabían”, padres que se funden en un abrazo con sus hijos y un mensaje tan atronador que solo se puede recomendar al mundo entero que vea este documental, que se muestre en todos los colegios e institutos y que nuestro altavoz común siga escuchándose, moleste a quien le moleste.

Que todo el año alcemos nuestros pequeños altavoces y le recordemos al mundo que existimos. Que somos personas y que no tenemos nada que esconder ni de lo que sentirnos avergonzados. Para que los jóvenes que vienen sepan que no están solos ni sobran ni son un error del sistema. Para que poco a poco en el mundo sigamos avanzando en nuestro simple derecho a vivir. Porque aún queda mucho camino por recorrer pero nadie nos quitará nunca nuestro derecho a gritar.

Puedes verla en Filmin

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