en Televisión

Perdidos termina con un final abierto

El mundo entero contiene la respiración al unísono para ver el desenlace del mayor éxito de la televisión actual

Hace apenas unas horas que el mundo entero se sentó por primera vez al unísono para visualizar las dos horas y media que cerraban todo un fenómeno. Lost (Perdidos) decidió irse por todo lo alto y los creadores, lejos de dejar morir a su criatura, han optado por un final lo suficientemente abierto como para alimentar teorías y supuestos. Como era de esperar ha habido opiniones para todos los gustos, aunque entre los más fanáticos la palabra que suena con más fuerza es «decepción».

Sin embargo, creo que ha sido un cierre fantástico. No sólo se han ahorrado explicaciones innecesarias y absurdas (de las que está llena la irregular sexta temporada de la serie), sino que han optado por unir épica y emoción nostálgica en un doble capítulo memorable. Probablemente muchos fans se hayan sentido estafados al comprobar que no se les explica directamente qué es la isla, o qué son los famosos números, o detalles sobre la iniciativa Dharma. En lugar de explicar, el final se ha centrado mucho más en mostrar, de una forma muy emotiva y similar al final de Six Feet Under (A dos metros bajo tierra), los momentos más emotivos de los personajes.

Vivimos en un mundo donde parece que todo tiene que tener un motivo, o una explicación. La decisión de los creadores de Lost de dejar espacio para las teorías y la imaginación -algo que va íntimamente ligado al fenómeno Lost- es todo un acierto, y así The End se ha centrado mucho más en la resolución de los dos frentes abiertos. Por un lado la isla, donde se nos muestran momentos de gran tensión con los esperados enfrentamientos, y por otro la tan celebrada como odiada “realidad alternativa”, que ha resultado no ser ni tan real ni tan alternativa, sino todo lo contrario.

Si algo ha quedado claro en este episodio es que ha habido muchísima emoción. Hemos vuelto a ver a los personajes más célebres, la música de Michael Giacchino ha sonado más épica y conmovedora que nunca, y la secuencia final, con Jack en el mismo punto donde comenzaba todo, un broche de oro que ahora cuesta imaginar de cualquier otra manera.

Lo más admirable, aunque a medias, de este final, es el importante esfuerzo llevado a cabo por Fox y Cuatro, que llegaron a emitir el final en España incluso antes que en algunos puntos de la geografía estadounidense. El punto negativo lo pusieron la falta de sonido en los minutos iniciales y algunos saltos intermitentes en Fox, y el corte de seis minutos de capítulo unido a un pequeño caos con los subtítulos en Cuatro. Aún así, hay que aplaudir el gesto con los seguidores de la serie, y esperar que en el futuro, con otras producciones, se intente realizar un esfuerzo similar.

De momento, lo que queda claro es que gracias a este final es más que probable que Lost siga viva en ese lugar donde nació el fenómeno y que Internet siga manteniendo con vida toda una mitología que, de momento, promete veinte minutos de explicaciones extra si se pasa por caja para comprar la versión doméstica de la serie. Si no, queda el consuelo de haber visto un final que ya es historia.

Publicado originalmente en la revista Koult.

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