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SOS 4.8 2011 / Crónica Día 01

El caos y las aglomeraciones se adueñan de la primera jornada del festival murciano

Ayer comenzó la cuarta edición de festival SOS 4.8, en Murcia, anunciada durante meses como la edición más ambiciosa y multitudinaria de la historia del festival.

Mientras el equipo Koult intentaba llegar al recinto, entre problemas de tráfico y aparcamiento, los primeros conciertos del día amenizaban la jornada. Los que habían conseguido acceder al SOS 4.8 a una hora más asequible pudieron disfrutar de los -incomprensiblemente tempranos- conciertos de Manel, una de las bandas de moda, y The Kooks, esperadísimos y que a pesar de lo breve del concierto triunfaron con un concierto adrenalínico.

Ya a estas alturas lo más destacado del festival, lejos de su programación musical o las conferencias y el arte, era la sensación de desorganización que se respiraba en los alrededores del recinto convertidos en un macrobotellón, y en los accesos que eran cualquier cosa menos ágiles. Sorprendía ver las taquillas aún abiertas, teniendo en cuenta que el ‘sold out’ se había anunciado días atrás. El resultado: un recinto enormemente incómodo, masificado y que dificultaba lo más importante: disfrutar de la música.

En lo estrictamente musical, lo más destacado de la primera noche fue el concierto de These New Puritans y su ‘Hidden Live’. Con una espectacular puesta en escena en la que participaron una orquesta de vientos, un coro de niñas, un buen porcentaje de percusiones de las que te presionan el corazón y te giran la cabeza y una ejecución impecable, la banda desgranó una combinación explosiva y flagrante de canciones de las que desgarran las entrañas y te consiguen evocar todo tipo de sensaciones.

Eso sí, durante el concierto se echó de menos un poco más de orden y seguridad -en la práctica inexistente- en el interior del Auditorio, al que la gente seguía entrando una vez se apagaron las luces, sin parar de gritar y hablar, y con un patio de butacas poblado de gente que mucho dista de lo que se espera en el público de un festival, algo que se solucionaría fácilmente con un mínimo de seguridad en el interior de la sala, y algo más de organización.

Quizá el mayor problema para organizar el SOS de este año haya sido la extraña distribución de horarios. No se comprende de otra manera el gran error que supone colocar uno de los golpes de efecto del festival, la presencia de los catalanes Manel, a primera hora de la tarde del viernes, o a The Kooks aún de día mientras que Yann Tiersen actuaba en un inapropiado escenario Estrella Levante, donde la muchachada estaba más pendiente de alzar en el aire sus cachivaches luminosos, las pompas de jabón y máscaras de fantasía, que de los impresionantes solos de violín del francés que quedaron desangelados bajo tímidas gotas de lluvia que despertaban el fantasma del diluvio que empapó el festival el año pasado. A los presentes les resultó difícil atender a un setlist centrado en su más reciente trabajo, ‘Dust lane‘, cuya calidad queda lejos de sus mejores discos. Quien esperaba escuchar algún tema de la película Amélie se tuvo que quedar, como en la mayoría de conciertos de Tiersen, con las ganas.

Hubo que esperar para disfrutar de un concierto verdaderamente festivalero. Y en eso triunfaron con creces Two Door Cinema Club con un setlist plagado de canciones de su primer disco, un esmerado catálogo de singles pegadizos y festivos. Una explosión de energía tarareable que llegó en el momento y lugar adecuados. Un concierto que merecía ser twitteado, pero que por la inexplicable y sangrante falta de cobertura que caracterizó el recinto, fue una tarea imposible. Ni por 3G, ni por teléfono, ni por la anunciada wi-fi del festival. Las comunicaciones fueron imposibles.

Tras el concierto de los británicos, la expectación se dirigió hacia un único punto: el escenario principal donde MGMT estaban a punto de comenzar. Las hordas de modernos que tarareaban Kids por cualquier rincón evidenciaban las ganas que había de ver a los neoyorquinos, pero un horario demasiado tardío -pasadas las doce de la noche- y el desconocimiento de un público que esperaba una explosión electrónica y se encontró una psicodelia retro soporífera de lo menos apetecible a unas horas en las energías comienzan a decaer. La decepción fue masiva y en cuanto interpretaron la única canción que se esperaba, las hordas de modernas que antes silbaban por el recinto realizaron su particular éxodo lejos de los autores de ‘Flash delirium‘.

La noche continuó hasta altas horas de la madrugada con el protagonismo de la música electrónica, pero la sensación fue de una jornada agridulce, mucho más caótica y agobiante que en años anteriores, y donde los fallos de organización como la inexcusable falta de cobertura móvil, o la inapropiada distribucion de horarios y escenarios  delatan que el SOS 4.8 tendrá que tener en cuenta los graves fallos de esta edición para no morir de éxito.

Publicado originalmente en la revista Koult.

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