en Primavera Sound

Primavera Sound 2010 / Crónica Día 02

Pixies y Wilco abarrotan el Primavera Sound en su segunda jornada de conciertos

Ayer se vivió la segunda jornada del San Miguel Primavera Sound 2010, uno de esos días de festival que pasan a la historia, no sólo porque estuvieron Wilco y Pixies, apuestas seguras de éxito, sino porque desde primera hora hubo grandísimas actuaciones.

Ya desde antes de las 16 horas, cientos de personas hacían unas colas laberínticas (y polémicas), la nueva manera de acceder al Auditori, para ver al gran Owen Pallett. Su concierto fue uno de los momentos más mágicos y emocionantes que se han podido vivir en este PS. Y es que si sus canciones ya de por sí son buenas, en directo nos demostraron que este chico es un virtuoso. Sin más aparatos que su violín, una pedalera con diferentes efectos y, en alguna canción, un bajo, consiguió convencer con un concierto de lo más intimista y sobrecogedor. Sus canciones siguen sonando como salidas de otra dimensión, y entre algunos temas de su imprescindible nuevo disco (el primero que saca como Owen Pallett), nos regaló una sorprendente versión de ‘Odessa’, de Caribou. Al final, la emoción de ver el Auditori entero en pie y un bis de regalo con un concierto difícil de borrar de la memoria.

Sin salir del Auditori, con muchísimo retraso, y tras advertirnos una infinidad de veces de que no podíamos fotografiarla, salió a escena Hope sandoval & The Warm Inventions. Excéntrica hasta la médula, la vocalista de Mazzy Star no parecía muy contenta de tener que tocar en Barcelona y cada cierto tiempo se quejaba de algo a sus técnicos. Les pidió que bajaran aún más la escasa luz que había en el escenario, y también reiteró la prohibición fotográfica ante los flashes que de vez en cuando rompían la oscuridad. Todo resultaba aún más absurdo cuando sus acompañantes no paraban de filmar y hacer fotos. En cuanto a lo estrictamente musical, el concierto sonó bastante bien y su voz resulta especialmente sugerente y sensual, pero le faltó un poco más de conexión con el público, ya que al final todo sonaba demasiado perfecto, pero también distante y vacío. Para dejar clara su divinidad, cuando terminó el concierto dejó a los músicos tocando y se fue sin decir una sola palabra.

Después de Hope Sandoval, fuimos obligados a abandonar el Auditori antes de uno de los platos fuertes del día, el concierto de Low interpretando The Great Destroyer. Se habían agotado los tickets de reserva y las colas eran monumentales, pero aún así la mayoría del público que esperaba en ese momento pudo acceder al recinto. Una vez dentro, el lleno era absoluto. Salieron a escena, con una pose única, bajo un halo de misterio, un silencio sepulcral y la oscuridad que sólo rompían los tímidos focos que les iluminaban. Y comenzaron a interpretar todas y cada una de las canciones de un disco que, sin duda, ha sido todo un acierto reivindicar en directo. La idea fue todo un acierto. Sonó espectacular, como salido de una nueva dimensión, con una calidez y una rotundidad que se ven pocas veces en concierto. Tal fue la emoción que no sólo recibieron enormes ovaciones tras cada una de las canciones, sino que al final las más de tres mil personas nos levantamos de nuestros asientos. Decir que fue antológico probablemente sea quedarse corto.

Después de Low, y de nuevo superando lo que parecía una carrera de obstáculos para lograr salir de la zona del Auditori, conseguí acceder al recinto. Allí ya se preparaban, en el escenario Ray-Ban, las CocoRosie. Ya en los minutos previos se veía entrar al escenario un arpa, un piano de cola, y hasta un beat box humano que estaba por ahí probando sonido. Por supuesto, salieron vestidas de una manera de lo más excéntrica, con túnicas y tintes de sangre en el maquillaje. Dieron un concierto bonito, sí, pero también un poco repetitivo e incluso aburrido. Eso sí, de lo que no hay dudas es que parecen salidas de un manicomio. Sobre todo cuando se ponen a bailar, a cambiar de registro vocal hasta que parecen cantar ópera, o se ponen a jugar a las palmas justo antes de cantar en un registro cabaretero, e inmediatamente después con un halo de misticismo y fantasía. Al final, sonaron correctamente, aunque más de uno seguramente se arrepintió de no haber optado por los Beach House, que tocaban a la misma hora.

Coincidiendo con el final de CocoRosie salieron a escena Wilco, que muchos siguen considerando una de las mejores bandas del mundo. Desgraciadamente para ellos, el comienzo fue desastroso ya que un fallo de sonido hizo que sonaran de forma lamentable. Tanto que tras dos canciones Jeff Tweedy comentó que tenían que solucionar el problema. ¿Por qué no cantamos juntos mientras lo arreglan? Dicho y hecho. Cogió su guitarra y empezó una versión más acústica de lo normal de ‘Jesús, etc.’, uno de los hits de la banda, antes de que el sonido recuperara la normalidad. Probablemente les costó volver a coger fuelle para cerrar un concierto que –dicen, yo a la mitad me fui corriendo hacia el escenario Vice- fue triunfal.

Y si me fui del concierto de Wilco no fue por otra razón que la enorme curiosidad que sentía por ver en directo a Panda Bear. Y es que debo ser de los pocos que prefieren el proyecto en solitario de Noah Lennox antes que Animal Collective. El concierto tuvo un retraso por problemas a la hora de configurar las proyecciones que debía tener detrás. Al final no fue posible y Noah se disculpó explicando que no habían conseguido arreglar las proyecciones. No importó. Su música suena tremendamente moderna, de una audacidad inexplicable y sobrenatural. Fue un concierto muy bueno, muy emocionante y sus canciones suenan tan raras que te llegan a hipnotizar. Sin embargo, el público parecía no entender la propuesta, probablemente esperando un poco más de ritmo, teniendo en cuenta que ya eran las doce de la noche. Aún así, el concierto demostró que Noah Lennox está por encima de las adversidades, y nos dejó intuir por dónde irá su próximo disco, que estamos esperando con ganas.

Con el concierto de Pixies cerca en los horarios, el viaje desde el lejano escenario Vice hasta la zona de la entrada fue algo así como un éxodo. Sólo se veían hordas de personas por todas partes, y todas en dirección al escenario San Miguel. Y es que más de las tres cuartas partes del público abarrotaban literalmente todos los alrededores del escenario principal, algo pocas veces visto. Salieron a escena y comenzaron con ‘Cecilia Ann’, por supuesto. Yo, que no soy muy amigo de aglomeraciones (y tampoco de Pixies, para qué negarlo), hice mi trabajo de inspeccionar el terreno y la locura de salirme de la zona en dirección al escenario Pitchfork.

Y es que venía uno de los platos fuertes, por imprevisible. Major Lazer consiguieron superar la expectación de Pixies y más de uno se acercó con intriga y ganas de pasarlo bien a un espectáculo que resultó tan alocado y divertido como fellinesco. Y sí, Diplo y Switch están locos. Muy locos. Pudimos ver bailarinas escasas de ropa, a ese hiperactivo vestido de mad max, desnudándose, saltando desde un bafle encima de una mujer ligera de ropa, ofreciendo malabarismos en forma de poses sexuales y denigrantes, cocodrilos hinchables volando por el público, o subir a ocho chicas del público a bailar. Una locura que iba acompañada de una sesión bastante dinámica, llena de momentazos, con muchos hits ocultos -por ahí sonaron ‘Rudeboy’ de Rihanna y ‘All That She Wants’ de Ace of Base- y partes preparadas para la participación del público, que no paró de bailar en ningún momento. El resultado fue una actuación divertidísima con la que, para qué negarlo, disfrutamos y sonreímos durante un buen rato.

Y con las pilas cargadas, me dirigí de nuevo al otro lado del recinto (qué pereza da ir al escenario Vice a las 2:30 de la mañana), para ver a Yeasayer. Y de nuevo no fui el único, pues parece que más de uno tenía mucha curiosidad por descubrir cómo suenan en directo. Lo cierto es que resulta bastante difícil definirlo ya que fue un algo completamente diferente a lo que estamos acostumbrados a escuchar en sus discos, especialmente el segundo. Esto no debería ser un problema salvo que suceda, como pasó ayer, que la mayoría de las canciones pierda mucha fuerza en directo. Por poner un ejemplo, ‘O.N.E.’ tendría que haber sido el gran hit bailable de la noche y sonó bastante descafeinado, como si le faltara algo. Al final, inevitable la sensación de decepción.

Publicado originalmente en la revista Koult.

Escribir un comentario

Comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.