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La norteamericana refuerza sus múltiples virtudes con su tercer álbum

Hay dos tipos de álbumes que alcanzan la etiqueta de “legendario”. Por un lado están los trabajos que, dentro de una estructura más o menos convencional, consiguen estremecer por sus letras, sus melodías, o la perfecta combinación de ambas en canciones que consiguen superar la barrera de la grabación para instalarse en el cerebro del oyente. La segunda clasificación va más allá. Se trata de discos que, desde el primer acorde, se convierten en una experiencia que supera lo musical para convertirse en un acontecimiento sensorial.

Recientemente, David Martínez de la Haza ya se refería a la búsqueda de estas experiencias atmosféricas al reseñar el fascinante Loud City Song de Julia Holter. Un álbum que, no gratuitamente, debería tenerse en cuenta a la hora de hablar del que nos ocupa en esta reseña. Y es que la neoyorkina Julianna Barwick siempre se ha concentrado en intentar explorar las posibilidades de la voz, a grandes rasgos, a la hora de transmitir emociones. Tras publicar varias grabaciones en el sello de Sufjan Stevens, este Nepenthe (Dead Oceans, 2013), su tercer álbum oficial, no ofrece grandes novedades en ese sentido estilístico, pero sí consigue, una vez más, dejar al oyente boquiabierto a base de canciones perfectamente planificadas y ejecutadas.

Mientras que Sigur Rós, inevitable referencia a la hora de hablar de Nepenthe, parecen haber perdido, en cierta medida, parte de la magia presente en sus álbumes más redondos, la norteamericana combina aquí en su justa medida los espacios, la melodía, los interludios y las pequeñas dosis de electrónica para componer un trabajo meticuloso y delicado, más redondo en su conjunto que las últimas obras de la banda de Jónsi.

La referencia a los islandeses también está presente en las cuerdas de Amiina, que vienen a condimentar las canciones junto a un coro infantil, ambos ingredientes clave de canciones tan fascinantes y sutiles como la espectacular -y, para qué engañarnos, sigurrosiana‘Pyrrhic’. Con temas tan evocadores no sorprende que la cubierta incluya la imagen de una luna, destino al que el oyente consigue acceder desde que las primeras voces con toneladas de reberb de ‘Offing’ hacen su aparición al pulsar el play.

Aquí solo hay belleza. Una delicada celebración de la vida que estremece cada uno de los sentidos

Esa sutileza vendrá a convertirse en el ingrediente principal de un álbum que consigue la evasión. El escapar del agotador ritual diario y de las ya agotadoras y repetitivas conversaciones sobre lo mal que está todo. Aquí no hay sobres, ni borrado de pruebas ni tambores de guerra. Aquí solo hay belleza. Solo hay sinceridad. Limpieza. Honestidad. Una delicada celebración de la vida que estremece cada uno de los sentidos. Unas pulsaciones de piano. Un coro eclesiástico diminuto como una partícula. Un suspiro. Un crescendo desgarrador. Todo esto se encuentra en Nepenthe en la justa medida de una obra, de una artista, candidata a la leyenda.

Un ejemplo de la perfección de este álbum es ‘One Half’. Un corte que empieza con unos murmullos lejanos que parecen aterrizar desde algún planeta aún desconocido, y un estribillo repetido que empieza desde lo ilegible y manipulado, con la complejidad de las capas sonoras que se hacen más comprensibles a medida que la voz deja paso a unas cuerdas que aderezan el conjunto con la misma destreza que un chef combina los ingredientes de su plato estrella. Todo para terminar en lo alto de esa luna siempre presente como metáfora de lo sobrenatural, de lo extremo y lo bello.

En un año que se está mostrando exultante de calidad a nivel discográfico, el tercer álbum de Julianna Barwick supone otra muesca en nuestra lista de obras imprescindibles de este 2013, así como un paso adelante en una discografía intachable. Un hermoso lienzo al que, ojo, una vez que se entra es imposible salir sin dedicarle un par de bucles y sin descubrir un puñado de nuevos matices desvelados con cada reproducción. Así da gusto.

Fotos: Shawn Brackbill

Publicado originalmente en la revista Koult.

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