en Escenarios

Mahagonny, resurrección de La Fura en el Teatro Real

El nuevo director artístico del Teatro Real se estrena con un espectacular montaje de la obra de Brecht y Weill

En 1930, después del crack del 29, y en medio de dos guerras mundiales, se estrenó por primera vez la versión que conocemos de Mahagonny, Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny (Rise and Fall of the city of Mahagonny).

Escrita por Bertolt Brecht y con música de Kurt Weill, la satírica y durísima crítica al capitalismo que subyacía bajo la obra hizo que estuviera prohibida durante años, tras un polémico estreno. Con tales precedentes, no es de extrañar que Gerard Mortier haya escogido un montaje de Mahagonny, dirigido además por La Fura dels Baus, como carta de presentación de su primera temporada como director artístico del Teatro Real de Madrid.

Y es que el montaje llega en un momento más que oportuno, en plena crisis internacional, con el capitalismo ofreciendo síntomas de agotamiento y en un país donde la crisis aún parece no tener fin. El montaje de La Fura es por ello no sólo de lo más oportuno sino de lo más necesario. Tanto por su desbordante creatividad, la espectacularidad de su, por otro lado, oscura, sucia y asfixiante escenografía, y porque convierte Mahagonny en toda una epopeya de tintes apocalípticos y surrealistas que consiguen convencer de manera rotunda.

No se trataba de una tarea fácil. No sólo porque el público del Real resulte bastante conservador y complicado, que lo sigue siendo, ni porque por muchos es conocida la fama de transgresor y provocador de Mortier, por no hablar de La Fura, quienes parecían en horas bajas especialmente después de su fallido estreno en la ópera milanesa con el Tannhäuser estrenado en la Scala de Milán. Tras las durísimas críticas y abucheos recibidos con su anterior montaje, parece que han aprendido la lección y han recordado que lo importante, más allá de la pirotecnia –que no consigue ocultar la escasez de fondo- es el contenido, y esta Mahagonny es, con diferencia, uno de los montajes más comedidos de La Fura, con todas las piezas colocadas en el lugar oportuno y con un uso de los elementos de una genialidad sublime que ayuda a olvidar tantos desencuentros con la compañía catalana.

Y todo ello sucede sobre las tablas sin dar un minuto de respiro, ofreciendo cambios de escenario contínuos y sorpresas constantes con una evolución sutil del decorado cuya decadencia, entre la inmundicia, crece a la vez que Mahagonny se va convirtiendo en un pozo de corrupción y declive. El montaje de La Fura ha incluido también momentos de lo más surrealistas y divertidos (especialmente las canciones dedicadas a la comida y al sexo), y un in crescendo bastante marcado que finaliza con un tercer acto sublime, sobrecogedor y espectacular en el que la decadencia de Mahagonny llega a su culminación, superando, con la mesura de lo estático, con la solidez de la partitura y la calidad de las voces, la barrera de la escena, ofreciendo una sobrecogedora interpretación.

Con un reparto escogido meticulosamente, excelentes interpretaciones de cantantes y coro, un uso de los figurantes (convertidos en sombras que van interactuando con el decorado y los personajes) inteligente y dinámico, y una estética de lo más asfixiante, las melodías de Kurt Weill (cuya Canción de Alabama ha sido versionada por todo un abanico de artistas, desde David Bowie hasta Ute Lemper) suenan más épicas que nunca gracias a las variadas influencias del sonido, que mezcla lo mejor de la ópera con el teatro musical más contemporáneo. Todo ello bajo la joven batuta de Pablo Heras-Casado, cuyo entusiasmo traspasa al espectador y la melodía.

Con un todos estos ingredientes, Gerard Mortier se estrena en la dirección artística del teatro dejando claro que la nueva temporada del Real va ser de todo menos convencional, y devolviendo a La Fura a ese lugar del que nunca debieron escapar.

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