en Escenarios

Les 7 doigts de la main / La Vie

La compañía canadiense vuelve al Price con todas las entradas agotadas

Les 7 doigts de la main vuelven a Madrid. Tras deslumbrarnos el año pasado con PSY, y sorprendernos hace dos con Traces, el Teatro Circo Price recibe ahora La Vie, el tercer montaje de la compañía (anterior al que presentaron hace ahora un año y que se colocó en lo más alto de nuestra lista de lo mejor de 2010).

La Vie contiene todos los ingredientes habituales en los espectáculos de la compañía canadiense. Una puesta en escena minimalista pero lograda, una historia profunda y humana como punto de partida y nexo de unión del espectáculo, y una excelente ejecución a través de espectaculares números, coreografías imposibles y una banda sonora impecable. Se desarrolla en un purgatorio donde hemos caído todas las almas que estamos pendientes de nuestro destino final. A través de un maestro de ceremonias histriónico y penetrante vamos descubriendo los entresijos de este purgatorio, las vidas de quienes han llegado a él y el destino inexorable que les espera.

A pesar del interesante punto de partida, al espectáculo le cuesta arrancar y no es hasta que descubrimos a la primera de estas almas errantes cuando el ritmo parece entrar en escena. Y esto se debe a que La Vie, lejos de buscar la sucesión adrenalínica de números de circo, se centra mucho más en lo emocional, en el humor negro -con referencias constantes a Madrid y un exceso de bromas y referencias sexuales-, y en lo musical, con un DJ en directo que mezclaba y reforzaba las escenas con una selección musical excelente, y que unía en ocasiones a su propia voz manipulada, duplicada y transformada en melodías de lo más sugerente e inquietante, ya incluso desde que el público empezaba a ocupar las butacas.

La belleza y potencia de las coreografías son otro punto a favor del espectáculo, en el que los protagonistas bailan con pasión desbordante, se entremezclan, suspiran, sufren y lloran con una aparente facilidad. Fácil es sorprenderse sin tener muy claro qué es lo que puede pasar a continuación, pues La Vie es, ante todo, un espectáculo bastante imprevisible donde el público ejerce un papel muy importante a lo largo de la función. Lo mismo cae un personaje desde lo inesperado que se elevan por lo aires que surgen y pasean entre el público o realizan uno de los momentos más surrealistas jamás vistos en el Price con dos personajes realizando movimientos espasmódicos sin parar de decir “Olé” y creando siluetas de animales de lo más inverosímiles.

Por fortuna, a pesar de sus altibajos en el ritmo, no hay duda de que estamos ante un espectáculo de un alto nivel, con un dulce sabor a cabaret, una puesta en escena impecable y un puñado de artistas excelentes que se entregan al máximo hasta el final apoteósico y vertiginoso que, tras deslumbrar al ritmo de Edith Piaf aún tiene tiempo para invitarnos a disfrutar de la vida, de no desperdiciar ni un solo instante. Al fin y al cabo, y como bien afirma el personaje principal, “lo que viene después, son sólo creencias”.

Publicado originalmente en la revista Koult.

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