en Escenarios

La vertiginosa -e hilarante- chatarrería de Circus Oz

Uno de los mejores espectáculos que han visitado el Teatro Circo Price

Desde las antípodas del mundo y desde hace treinta años, la compañía circense australiana Circus Oz viene seduciendo a niños grandes y pequeños con sus espectáculos. Mezcla de lo imprevisible y la seducción, cualquier cosa puede suceder en la pista del teatro durante la ejecución, y las sonrisas y la diversión están garantizadas. Ahora, y tras triunfar en casi una treintena de países, llegan por primera vez a España.

Como surgidos de una fantasía a lo steampunk de Terry Gilliam, entre artefactos que expulsan humo, maquinarias oxidadas y extraños instrumentos, esta banda de artistas nos consigue rejuvenecer durante un par de horas, y nuestra mirada deja de lado por unos instantes esa fría y adulta indiferencia para devolvernos a nuestra infancia, para sonreír con cada broma, sorprendernos en cada momento inesperado y, en definitiva, disfrutar sin mayores pretensiones.

Comandados por una excelente jefa de pista, que lo mismo se pone a cantar, que vuela por los aires con una falda gigantesca o rapea vestida de canguro, los componentes de Circus Oz van ofreciendo un menú de números de circo de primera categoría. Ya sea en el plano aéreo, con un divertidísimo y arriesgado número de trapecio que parodia a partes iguales al Cirque du Soleil y las baladas insoportables de Celine Dion, hasta virtuosas sucesiones de malabares con preciosa instrumentación y vertiginosos movimientos de los que dejan boquiabierto. Bicicletas de constitución imposible cuya capacidad se multiplica por segundos, cocoteros paradisiacos sobre los que se balancea una silla de ruedas o piruetas sincronizadas a la perfección son algunos de los momentos más memorables de la función.

Circus Oz ofrece en el espectáculo que durante este mes se ofrece en el Teatro Circo Price de Madrid casi dos horas de circo contemporáneo sin ningún tipo de mesura. Un festival de la locura destartalado, aparentemente desordenado pero de impecable realización. Las piruetas y los más difíciles todavía se suceden ante nuestros desorbitados ojos con una facilidad y una ligereza que oculta el enorme trabajo y la minuciosa y calculada puesta en escena que provoca que hasta los pequeños -e inevitables- fallos en la ejecución parezcan estar coreografíados e insertados en el engranaje.

Y para ello está esa orquesta en directo, con sus instrumentos victorianos, sus trajes de inspiración industrial, que acompañan con inquietante sigilo en algunos momentos, y con la algarabía desorbitante en otros -que remiten y recuerdan festiva e inevitablemente a los sonidos de Emir Kusturica-, pero siempre con una ejecución y un sentido del humor a prueba de bombas, y en un ambiente de locura generalizada cuyo ritmo no decae salvo durante los veinte minutos de descanso que dividen la función.

Comprometidos con la sociedad y la transmisión de valores, Circus Oz ofrecen en este espectáculo una variada selección de elementos, una hilarante y sorprendente factoría que combina con una pasmosa facilidad elementos de circo del más alto nivel con el humor más irreverente y divertido. Todo un acierto que convierten el de la compañía australiana en uno de los mejores espectáculos que han visitado el Price en los últimos meses y que estará en cartel hasta el 27 de marzo.

Publicado originalmente en la revista Koult.

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