en Escenarios

Crece 20-10. Presente y futuro del circo contemporáneo

Jóvenes promesas del circo contemporáneo se dan cita en el Teatro Circo Price de Madrid

En su afán por seguir en la vanguardia y la actualidad, el Teatro Circo Price celebra por tercer año consecutivo Crece 20-10, una fantástica propuesta escénica en la que quince jóvenes de varios países recién egresados de sus estudios circenses se unen al director artístico Rob Tannion para investigar nuevas formas de expresión en el mundo del circo contemporáneo.

El resultado, en forma de espectáculo multidisciplinar, se estrenó el pasado martes en el Teatro Circo Price y demuestra que el circo como materia de expresión unida a otras artes como la música, la danza, el teatro, el humor y la poesía, pueden unirse para elaborar un complejo, espectacular, visionario, creativo y detallista montaje, que durante algo más de una hora nos hará viajar a través de las sensaciones, de las frustraciones, el enfrentamiento a esa cuerda floja que es la vida real, la rutina, y todo ello a través de números que cortan la respiración y en los que el altísimo nivel nos hace olvidar que nos encontramos ante principiantes en la materia.

La asfixia, la incomprensión y la búsqueda de la verdad interior, se van sucediendo a través de fragmentos espectaculares de acrobacia. Una batería se desboca en directo ante los impresionantes saltos en la báscula, donde los artistas van buscando ir más allá, explorando nuevas formas de exploración de los ejercicios clásicos de circo, superándose en cada movimiento, sincronizados al milímetro y ofreciendo uno de los ejercicios de báscula más sorprendentes y originales que se han podido ver recientemente en el Price.

Un violinista que, en lugar de subirse a un tejado, se balancea en la cuerda floja mientras toca el violín en directo, un impresionante número de equilibrio vertical llevado a cabo por una pareja que hace que parezca fácil hasta el movimiento más peliagudo y complicado, o un clown que lo mismo hace malabares a ritmo de beat box, juega y bromea con el público de manera histriónica, como si Óscar Jaenada hubiera escapado de Noviembre y el circo se hubiera convertido en su Teatro Real particular.

Parejas que, como un reloj, van danzando y haciendo equilibrios verticales con una precisión extrema, una sugestiva sensibilidad y una belleza sobrecogedora. Como sobrecoge ver las sombras de las acróbatas y trapecistas danzar por la pista y las gradas mientras dan saltos y acrobacias imposibles, la impresionante elasticidad de un hombre de goma que se retorcía sobre sí mismo y en el aro como si no tuviera huesos o el sufrimiento que transmite el dolor de una persona maltratada que termina elevándose hasta lo más alto de la escena intentando escapar de su macabra cotidianidad. El mundo de la rutina, las personas como engranajes de una sociedad tétrica, aburrida y absurda donde la expresión se convierte en la vía de escape ante tanto tedio.

Con un despliegue de medios espectacular digno de cualquier gran montaje de los que acostumbra a ofrecer el Teatro Circo Price, incluyendo sorprendentes cambios de escenario, efectos de iluminación impactantes, un torrente de imaginación y el derroche de energía que sólo podría aportar la ilusión de quienes comienzan en este maravilloso mundo, el despliegue de Crece 20-10 es todo un acierto. Un espectáculo más que digno y una fantástica idea que sigue dando año tras año una increíble oportunidad a los más jóvenes y al público.

Y es que, aunque este puñado de artistas acabe de salir del cascarón de sus escuelas de circo, tras verles en escena no queda duda alguna sobre su prometedor y valioso futuro. De momento no puedo más que recomendar enormemente un espectáculo de gran envergadura, rebosante de imaginación y frescura, y con un talento que desborda la superficie de la pista. No lo lamentarán.

Publicado originalmente en la revista Koult.

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