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Naomi Harris y el sexo oculto de América

Un libro refleja la realidad de los encuentros sexuales de swingers a lo largo de doce de los Estados Unidos

Bes Moines, Iowa. Tres señores observan la final de la Super Bowl. Las esposas, en un juego infantil, van practicando el sexo oral a los maridos de las otras. Esta escena, a medio camino entre lo absurdo y lo vulgar, es una de las imágenes que ha capturado, en un viaje por la América profunda, la fotógrafa Naomi Harris. Nudista, algo acomplejada y neurótica, pero con una facilidad impecable para capturar la realidad, esta canadiense de nacimiento recorrió y documentó durante cuatro años, por encargo de la editorial Taschen, más de una treintena de fiestas y celebraciones de los denominados swingers, personas que practican el intercambio de esposas.

El resultado se edita ahora en un voluminoso, tórrido e hiperrealista volúmen, America Swings, en el que se refleja la realidad de los encuentros sexuales de swingers a lo largo de doce de los Estados Unidos. Nudismo, voyeurismo y fetichismo pueblan las fotografías, que resultan tan sorprendentes como repulsivas, pero que a la vez es imposible observar con indiferencia.

Sumergida en lo más profundo de las tradiciones americanas, impacta la cercanía de las imágenes que casi desprenden el aroma de las situaciones, de los moteles de carretera, de las casas de clase media, de esas moquetas pringadas de semen, restos de pizza y bolsas de patatas chips. Sin más abrigo que su cámara y sus accesorios de fotografía, Naomi Harris establece un diálogo en el que se respira interacción con las parejas, con sus pinturas, sus disfraces, los dildos de látex y las pollas en erección. Orgías y desfase.

A pesar de todo, no deja de sorprender lo aparentemente normales que son estas mismas personas que desfilan en poses dignas del más pestilente de los cines eróticos. Así, la señora obesa de gigantescas tetas y estrías interminables que se balancea en un columpio de cuero podría ser la misma que da clases en el colegio del barrio, o la enfermera que le puso ayer una inyección a su hijo. Gente corriente, aparentemente conservadora en su vida cotidiana, que se convierten en auténticos profesionales de la variedad sexual.

Y es el sexo el protagonista de las imágenes, ya sea recreando escenas de películas de Walt Disney, en medio de un frondoso bosque, en una bizarra cena de acción de gracias, o en una placentera sesión de fútbol americano. Como una versión paródica de la propia mentalidad americana, de las perversiones y los placeres ocultos en los habitantes de los estados más conservadores. De la América de la comida rápida y la obesidad, de los cuerpos reales y maduros, más allá de los clichés. El resultado final bien se podría asemejar a un circo ambulante, a una parada de monstruos y freaks, de gente corriente que llega a asustar, pero también a atraer, como los retratos de una Diane Arbus hipersexualizada y despojada de toda vestidura.

Las imágenes se complementan con una entrevista a la autora realizada por Richard Prince, en la que relata cómo surgió su interés por el sexo, el nudismo y la fotografía erótica, y entrevistas a algunos de los protagonistas de las imágenes, desde un grupo de negros dedicados a satisfacer los deseos y fantasías de señoras casadas blancas, maestras multiorgásmicas, abuelos bisexuales y un largo y tórrido etcétera.

Publicado originalmente en la revista Koult.

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